9 de marzo de 2017

La Prats 2015 (Vilassar de Dalt)

Sobre evolucionismo, el "padre" del concepto, un tal H.Spencer, definía Evolución como:

"la tendencia de todos los fenómenos a cambiar de un estadio de homogeneidad incoherente a otro de heterogeneidad coherente" 


La Prats 2015

Se supone, hablando ahora de enologia, que en la elaboración de vino ha habido una evolución importante a nivel tecnológico, de conocimiento, incorporación de adyuvantes, etc... que lejos de conducir al sector hacia una heterogeneidad coherente, lo que ha conseguido es una homogeneidad incoherente, es decir, el sector ha utilizado todos los avances tecnológicos, de conocimiento, etc... para involucionar, si se tiene a bien, claro, trasladar al mundo del vino la definición de Herbert Spencer sobre evolución (definición que él, eleva a Ley que rige el Universo, la Tierra y la Sociedad Humana).

Dentro de esa homogeneidad incoherente dominante, hay pequeños espacios de esperanza, gente joven y no tan joven que apuesta por volver a los orígenes, recuperar una manera de elaborar menos intervencionista y más natural, respetando la expresión propia de cada variedad, cada parcela, ..., y aportando nuevas ideas, lejos de encorsetamientos y estúpidas rigideces de las DOs.




Un ejemplo de ello es este La Prats, de Oriol Artigas, elaborado de forma natural, fermentación espontánea, embotellado sin estabilizar, uso racional de sulfuroso e interpretación libre en su elaboración.



Centrándonos en el vino, este tiene varias peculiaridades.

El vino proviene de una sola parcela de 1 hectárea situada en Vilassar de Dalt, con cepas de una edad media de 60 años, donde encontramos mezcladas variedades blancas y tintas (30 variedades diferentes en una hectárea).
La Pansa blanca (Xarel·lo) es la dominante en cuanto a blancas, por su parte, la Sumoll manda en las tintas.

En un principio las variedades blancas y tintas se vinificaban por separado, obteniendo un vino blanco muy "basto" y un vino tinto excesivamente ligero. De aquí que Oriol Artigas, tomara la decisión de mezclar los dos vinos para obtener lo que es este magnífico y salvaje La Prats.


Cuatro pinceladas sobre este "Salvaje" vino:

A la vista, (se puede ver en la primera foto), unos dirán piel de cebolla, pero ¿todas las variedades de cebolla tienen la piel del mismo color? como cansa esto de describir la fase visual, les remito a la foto...

En nariz, recién abierto, las notas herbáceas incluso arbustivas, lo dominan todo. Me recuerda a los aromas típicos de las ferias navideñas, por aquí llamadas "Fira de Santa Llúcia".
Aparecen notas de flores blancas, retama, eucalipto, musgo, piñones, tímida fruta roja (grosellas), fruta blanca (tímida también, manzana quizás...), piel de naranja, ... pero al margen de la subjetiva parrafada, me quedo con la objetiva sensación de una extraordinaria frescura herbácea y floral.

En boca se muestra ágil, con volumen medio, buena acidez, con recuerdos a fruta blanca, flores blancas, notas herbáceas y unos amargos finales que lo hacen largo.

Es decir, poco que ver con la homogénea incoherencia de la oferta que encontramos en los lineales. Se trata de un pico de heterogénea coherencia que marca la tendencia que debería seguir el sector sino quiere seguir en caída libre hacia el abismo. (donde habita el vino azul...☺)


Hasta el próximo, un vino "artesanal" que promete.

19 de enero de 2017

Vall Llach 2008, DOQ Priorat


Como canta J.M. Serrat, "De vez en cuando la vida nos besa en la boca ..., y uno es feliz como un niño
cuando sale de la escuela".

Así se podría resumir el resultado de la experiencia vivida que conjugaba "Compañía-Vino-Entorno", con la que acabábamos un 2016 para olvidar y iniciábamos el nuevo año.
El vino titula la entrada, la compañía, los que más quiero y el entorno, una acogedora casa rural en Lladurs (Pre-Pirineo del Solsonés).




Como esto va de vinos, no me extenderé cantando las bondades del entorno y de la casa, mejor me hacen caso y se escapan a vivir la experiencia. Se informan aquí, y solo tienen que preocuparse de que no les falte buen vino para beber disfrutando del paisaje o embelesados delante del fuego a tierra.


Cobert de la Salada - Lladurs
El Cobert de la Salada - Lladurs

Bien, al vino:

Vuelvo a Serrat, (que bueno el tipo con las letras y que malo haciendo vino...)

De vez en cuando la vida 
afina con el pincel:
se nos eriza la piel
y faltan palabras
para nombrar lo que ofrece
a los que saben usarla.

Es así, faltan palabras, uno no sabe ni es poeta, pero intentaremos dar cuatro pinceladas sobre el magnífico vino.
En este caso, Lluís Llach no solo es muy grande con las letras, sino que además, de su bodega salen grandes vinos.

El vino está elaborado con  65% Cariñena, 17% Merlot y 18% Cabernet Sauvignon. 
Maloláctica 50% en madera-50% Inoxidable y crianza de 14 meses en barricas nuevas de roble francés.
 

Cata subjetiva:

Previamente, decantamos 5 horas. Ya tenemos alguna experiencia con otras añadas (Vall Lllach 2005), necesita tiempo para expresar todo lo que lleva dentro, las mejores copas, si sobra, son las que se beben un día después de abierto.

A la vista (odio las descripciones visuales...), se presenta "mu oscuro", capa alta, ribete atejado.

En nariz, es un espectáculo de fruta negra, cerezas, mentolados (balsámicos), cacaos, sotobosque (Romero, Retama,...), caja de puros, especias dulzonas, regaliz negro y MINERALIDAD sosteniéndolo todo.

En boca, puro Priorat, potente, tanicidad sacando pecho y nos gusta, estructurado, volviendo en retronasal el espectáculo descrito en nariz.

De esos vinos, que de vez en cuando, muy de vez en cuando nos damos el gusto de disfrutar, y si es lejos de la estresante ciudad, "uno es feliz como un niño cuando sale de la escuela".


Salut!! y hasta el próximo.