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10 de agosto de 2015

Telúrico. Fernando de Pietro


Obra del escultor, Fernando de Pietro, afincado en la provincia argentina de Salta, que una vez más, logra transmitir a través de su obra, la idea "del vínculo especial que debe existir entre el artista y su obra, entre el artista y la vida".
Así entiende Fernando de Pietro el arte.

Fiel a esas premisas, logra transmitir emociones y sentimientos a través de su expresión artístico-simbólica llena de honestidad y humildad, de una sencillez que lo hace grande.

A continuación, la descripción de la obra en palabras del propio artista:


Esta composición llamada “Telúrico” surge al igual que una formación terrestre, o al menos, es lo que siento.
Espontánea, dinámica, con una conjunción de elementos fusionándose entre sí, en una suerte de cooperación inmediata.

Calor, fuego, roca fundida mezclada con hierro, los minerales se deslizan, estallidos naturales, fusiones, grietas y de nuevo la calma, todo se templa lentamente, se estabilizan las formas y surgen los escenarios naturales.

Este movimiento de la naturaleza, que parecía arbitraria consigo misma, da lugar a un espectáculo único, se consagra nuevamente la vida, que nunca estuvo muerta, sólo estaba en transición, quizá, en un proceso de depuración.

Este breve relato, casi geológico, de un proceso artesanal/artístico, procede de otro acontecimiento fortuito, el de la amistad, la del cariño, esos sentimientos que se pueden forjar, volviéndolos materiales.
Ahí está, en parte, la esencia de “Telúrico”, gestada bajo la inspiración de palabras que narran la historia de los sabores y aromas que brotan de los vinos provenientes de manos artesanas, de un cariño dedicado a la frescura de la tierra, de esos minerales que nutren y dan fruto.
En este tonel simbólico es donde se crió esta curiosa mezcla entre la forja de Telúrico y este caldo maravilloso  llamado vino.

Un buen amigo, con su humildad y sabiduría sensitiva, ha hecho posible la cohesión de este feliz acontecimiento, gracias, Nico.

Vaya una reverencia a todas aquellas manos artesanas, que con cariño y delicadeza trabajan para dar lo mejor, a todos/as  ellos/as, gracias.

Fernando De Pietro.






11 de marzo de 2011

Viña ardanza 2001 D.O.Q Rioja



Después de un largo periodo de tiempo, logramos reunirnos, de nuevo, los cuatro culpables de este blog.
La ocasión requería de algo que hiciera referencia a lo clásico, con insinuaciones a lo artesanal y si se quiere a aquellas cosas valiosas que se están perdiendo en aras de una modernidad a veces estúpida y superficial a la que todos contribuimos...
Bien, se trataba de pasar la tarde entre amigos, con un buen vino y en un escenario particular, el taller de forja del Amigo Fernando.
Así que, como decía, la forja (léase, valiosos oficios que se van perdiendo), requería un vino del estilo de este Rioja Clásico, de elaboración lenta y pausada, 36 meses en barrica, y unas atenciones y cuidados especiales, 1 trasiego cada 6 meses, y un estilo que va en contra de los nuevos gustos y tendencias, al igual que la forja.



Añadir que también contribuyeron a la elección de este vino, las reclamaciones que el Amigo, el Pibe Alejandro, hacia respecto a la ausencia de madera en los vinos que acostumbramos a catar, así que para madera, este Viña Ardanza.


Además, Fernando tenia preparado un lecho perfecto para este vino, de hierro y forjado al fuego con sus propias manos, todo artesanal, corte, remachado, moldeado,... todo pura fuerza humana, fuego, hierro y mucho cariño, no más.("corregíme" Fernando, vos sos el artista)

Entre copa y copa, asistimos a una clase magistral de forja, en torno al fuego de la fragua que nos calentaba en la fría y lluviosa tarde.

Bueno, hablemos del vino, diré, subscribiendo humildemente las palabras del Sommelier Josep Roca, que es un vino mas para beber, que para catar. Un vino en el que, la primera mirada, la primera sensación aromática y el primer trago, lo deja todo claro y expone todo lo que tiene, simple y directo, sin rodeos.

El color es el que cabía esperar de un rioja clásico con 36 meses en barrica, tono cereza-marronoso que se va degradando uniformemente hasta llegar al ribete, donde presenta un color teja limpio, incluso brillante.
La capa es baja, poca densidad, destacando la limpidez y brillo de su color.



Los aromas que primero se dejan ver son notas de fruta licorosa, naranja, o piel de naranja confitada, unido a unos claros aromas procedentes del paso por barrica, cedro, tabaco, caja de puros y una mezcla sensorial entre vainillas y cacao, mas un recuerdo, que intuíamos, a tierra húmeda o algo parecido... Un conjunto en que destaca la sensación a madera, y como sorpresa una intensidad alta a nivel aromático, lo esperábamos más sutil, menos intenso (prejuicios...)



En boca, una acidez sorprendente para el tiempo que ha pasado en barrica y después en botella, y que se corresponde con ese color brillante que presenta a nivel visual.

Siguiendo con la boca, paso ágil, nada tánico (esperábamos más tanicidad debido al largo tiempo en barrica, nos equivocamos... esto es más complejo de lo que pensábamos al probar nuestros primeros vinos...), sin un retorno retronasal muy aparente de los aromas presentes en nariz.

Resumiendo, un buen vino, buena muestra de lo que podemos encontrar en un Rioja clásico, a un precio accesible.

Al final, se nos echo la noche encima y todos cagando leches, perdón, a cenar con nuestras respectivas y queridas mujeres e hijos (alguno vive todavía en pecado, no es justo...)